27- LOST IN DONOSTI

Hace unos días, un viernes noche para ser exactos, un colega y yo, viendo que era una noche bastante ‘soft’ (lo viejo estaba vacío), decidimos ir al Garagar. El Garagar es uno de esos bares para estar sentados, ‘de lasai’, y conocer gente adulta. Hablar con gente 10-15 años mayor que tú te hace reflexionar sobre muchas cosas. Resulta que estando ahí sentados, tomándonos unos licores, un par de mujeres se sentaron en nuestra mesa. Si, mujeres. Debían tener unos 40. No lo preguntamos. Estuvimos bebiendo y charlando durante un buen rato. Ellas nos contaros como les iba el curro (una estaba en el paro), que bares solían frecuentar y la de niñatos que hay por Donosti. Y nosotros les contamos como nos iban las clases (mi amigo es ni-ni), las discotecas que solíamos frecuentar y la de maduritas que hay por Donosti. La cosa se calentó (en el buen sentido de la palabra) cuando una de ellas empezó a hablar sobre su hijo. Premio. Hay dos frases que hacen que un hombre se ponga como una moto cuando las escucha: “soy millonaria” y “soy madre” (aka mami). Desde aquel momento, mi colega y yo empezamos a segregar mucha más testosterona de lo normal, mientras ‘la mami’ seguía bebiendo más alcohol de lo normal. ‘La mami’ nos estuvo contando que estaba harta de su matrimonio pero que, mientras su hijo no tuviese edad suficiente como para entender una ruptura, no pensaba dejar a su marido. También nos contó que su marido pasaba mucho tiempo fuera y que ella aprovechaba esas situaciones. Si, mi amigo y yo íbamos a explotar. Al poco, la amiga de ‘la mami’, viendo que nadie le estaba haciendo ni puto caso, nos pregunto a ver si alguien le acompañaba a coger un taxi. Mi colega y yo le miramos con tanta indiferencia que ‘la mami’ decidió intervenir. Le dijo a mi colega que mejor se fuese con su amiga, ya que por aquí se iba a aburrir bastante. Mi colega se despidió de mí educadamente y se marcho con la amiga. A los cinco minutos me llego un mensaje. Uno de esos mensajes que te hacen sentir que eres el rey: “Que hijo de puta”. Le pregunte a ‘la mami’ a ver si le apetecía tomar otra copa. Me dijo que si, pero que mejor la tomábamos en su casa. A la mañana siguiente me desperté a su lado. En menos de cinco minutos me echó (de buenas maneras) de su casa. Antes de que cerrara la puerta, le dije que nunca había estado con una mujer casada. Me dijo que probablemente si, pero que las anteriores no me lo habían dicho. Me contó que ella llevaba años haciéndolo. Que, como buena gente que era, prefería hacer feliz a muchas personas en vez de solo a una. Y que, a su vez, eso le hacia feliz a ella. Una teoría que me pareció curiosa. Le supo buscar trucos a la rutina. Volví a casa pensando en que toda relación tiene una fecha de caducidad y en lo bonito que eso me parecía. Desgraciadamente mi novia no entendió eso de que hacer felices a muchas personas es mejor que hacer feliz solo a una y me echo de casa. Menuda egoísta.

Post Data: Compartir es sufrir.