26- TAMBORRATXO

Tengo un colega que durante meses no paró de hablarnos de una chica (no seria nada raro si no fuese porque nos contaba que la chica tenía novio desde hace tiempo). Contaba que hablaban por whatsapp, que se ponían videos en facebook, que se dejaban películas, etc. Resumiendo, mi colega pensaba que era cuestión de tiempo el pasar por su cama y ella, yo supongo, le tendría por un buen amigo y poco más. Estos malentendidos suelen ser habituales, sobre todo con este amigo. Un tipo al que llamamos ‘Sahara’. Resulta que durante el día de ‘Donosti Eguna’ (el mejor día junto con ‘Santo Tomas’ para un donostiarra), paseando con mi novia, me lo encontré. El tipo tenía una resaca asquerosa, solo una zapatilla y su pantalón estaba medio roto. Le pregunte que tal le había ido la farra del día anterior y si, por fin, había conseguido finiquitar el asunto con su misteriosa chica (a ninguno nos había dicho su nombre e incluso algunos dudaban de su existencia). El tipo solo me respondió que bebió demasiado. Solo respondió eso y se marcho. Mi novia, sorprendida por su aparente falta de modales, me dijo que, aparte de no despedirse, ni siquiera había respondido a mi pregunta. Yo le dije que si. Le dije que con esa respuesta respondió no solo a esa pregunta, si no a muchas otras. Viendo como mi amigo se alejaba, recordé una de mis viejas teorías. Esa que dice que a cierta gente, en especial a los romántico-bebedores, le vendría bien decidir a que van a jugar cada noche, y decidirlo de antemano. No se puede apostar que dos caballos van a ganar la misma carrera. No puedes pillarte la borrachera del año y querer conocer a la mujer de tu vida (o al rollo de tu vida). Uno de los sobrevalorados escritores de este blog (lo son casi todos) escribió hace tiempo que hay bares en los que se juega a damas y otros en los que se juega a ajedrez, y tenía razón. Esto es algo parecido. Hay farras que deberían ser única y exclusivamente para injerir cantidades peligrosas de alcohol (y de drogas) y disfrutar de la compañía de tus amigos, y farras en las que debes beber lo justo (para desinhibirte, poco más) y salir a contar mentiras. Siempre me ha dado pena ver al típico borracho al que ni se le entiende lo que dice intentando seducir a alguna chica, y más si es amigo mío. Me da pena porque la primera impresión es clave. Y son parejas que podrían encajar estando sobrias, pero entiendo que una chica no quiera volver a ver al borracho que, sin conocerla de nada, intento robarle una copa. Mi novia opina todo lo contrario. Dice que la pasión no entiende de estrategias. Yo le aseguro que si nuestro primer encuentro hubiese tenido lugar en una víspera de Donosti Eguna, o en cualquier otro finde, probablemente no solo no saldríamos juntos (estamos planeando irnos a vivir juntos), si no que pondría mala cara cada vez que escuchase mi nombre. La mujer de mi vida sería solo otra chica más a la que caigo mal. Debo reconocer que es una teoría que yo nunca lleve a la práctica. Yo tengo novia gracias a que hace un tiempo, un medico, debido a una leve cirrosis, me prohibió el alcohol durante unos meses. Ahí fue cuando la conocí. ¿Si no, de que?

Post Data: Bebe hasta que te lo prohíban.