29- RUDOLPH

Hace una semana, mi novia, con la que llevaba más o menos 3 años, me confesó que, durante una noche loca con sus antiguas compañeras de clase, me había puesto los cuernos. Me dijo que no había significado nada y que le había servido para darse cuenta de lo mucho que me quería. Fue un palo. De repente, esos últimos 3 años que había pasado con ella pasaron a no significar absolutamente nada. Y lo curioso es que, hasta el momento de la confesión, esos 3 años habían sido los mejores de toda mi vida. Cuando me lo contó mi reacción fue la normal en estos casos: le mire fijamente, me puse las manos en la cabeza, le dije que no entendía nada y me fui a casa a reflexionar. Con reflexionar me refiero a pensar porque piensas de esa forma. Sé que me molesta que me pongan los cuernos pero realmente nunca he sabido el porqué. Reflexionar es escuchar tus pensamientos y decidir si son coherentes (normalmente no suelen serlo). Y, como suele ocurrir, tras unas horas de reflexión, estaba igual de perdido que al principio. Seguía sin entenderlo. Me hice muchas preguntas. ¿Por qué una persona que es feliz con su pareja la engañaría? ¿Por qué, si no ha significado nada, lo confesaría? ¿Por qué le damos tanta importancia? Confesar unos cuernos es como confesar un delito. Hay diferentes razones para ello: reducción de pena, obviedad en las pruebas, ego, etc. Llegue a la conclusión de que mi novia lo había echo como toque de atención. “Cúrratelo, cariño, que si no…”. Escuchaba esa frase en mi cabeza. Al día siguiente, le llame y le dije que no pasaba nada, que, en el fondo, todo había sido culpa mía, que había descuidado nuestra relación y que me lo merecía (si, quería demostrar una teoría). Y quedo completamente demostrada cuando ella me dijo que no se lo podía creer. Me dijo que necesitaba tiempo para pensarlo. Ayer me llamó y me dijo que era mejor dejarlo. Sin decir nada, colgué. Interesante. No me perdono que le perdonase. O puede que ella no se perdonase que yo lo hiciera. O también puede ser que, en vez de confesarme que ya no me quería, se inventase toda esta historia. O incluso… ¿Acaso importa? Claro que no. Toda esta historia me hizo recordar una parecida, hace unos años. Otra novia que tuve, en un momento de crisis, no me perdono el no haberla engañado. Ya que, según ella, eso hubiese salvado nuestra pareja. Curioso. Curioso el querer entender algo de todo esto. Las parejas duran lo que duran. Aunque a veces duren más. Tengo un amigo que siempre me dice que no hay que ver el amor como un sentimiento que te invade de repente, sin explicación, que hay que verlo como una determinación a sentir algo, a tener pareja, a tomar la decisión de introducir a alguien en tu vida. Es un compromiso. Un contrato sin firma. Y como todo contrato, mejor discutir las cláusulas. Sobre todo la de rescisión. Finalizar algo no es tan bonito como empezarlo. Aunque debería serlo. Resumiendo, todos somos infieles. Infieles a nosotros mismos. Y no existe peor infidelidad que esa.

Post Data: ¿Estable o detestable?